lunes, 25 de abril de 2016

Las 7 propiedades de la Naturaleza


Nota: Extracto de la obra del teósofo teutónico J. Boehme titulada La Llave. Es un tratado de Física, salvando el lenguaje protector del lenguaje simbólico. A la estructura de la realidad le importa bien poco la certificación que la ciencia del momento juzgue; a lo largo del tiempo se observan numerosos cambios y esa tónica continuará.
Por primera vez se explica, en el cuerpo central de este texto, en negrita, el significado real de la trilogía de sustancias que muchos toman al pie de la letra, azufre-mercurio-sal, de un modo abierto, en su estadio inicial.

Sobre la Naturaleza Eterna y sus
Siete Propiedades

La Naturaleza es nada más que las Propiedades de la Capacidad y el Poder de recibir el propio deseo que surge en la variación de la palabra viva, o sea, del Poder y la Virtud vivos donde las Propiedades se transforman en substancia; esta substancia es llamada substancia natural y no es Dios
propiamente dicho, aunque Él habite completamente en la naturaleza y aunque la naturaleza lo comprenda perfectamente; esto ocurre porque la unidad de
Dios se produce en sí mismo y se comunica por una substancia natural tornándose substancia, a saber, la substancia de la Luz, que rompe y penetra la
naturaleza, actuando por sí misma; si no fuese así, la unidad de Dios sería incomprensible para la naturaleza, esto es, para la recepción deseosa.
La Naturaleza surge en la palabra fluida de la percepción y del conocimiento Divino. La Naturaleza es la continua creación y producción de la percepción y de las ciencias; de la misma forma que la palabra actúa por la
Sabiduría, la Naturaleza crea y produce en Propiedades. La Naturaleza es como un carpintero que construye una casa que la mente anteriormente imaginó y proyectó, es así como ella debe ser comprendida.
Así como la mente eterna imagina en la eterna sabiduría de Dios en el Poder Divino y la transforma en idea, la naturaleza crea en propiedad.
La Naturaleza en su primer plano, consiste en siete Propiedades que se dividen hasta el infinito.

Propiedades

La Primera Propiedad es el Deseo que causa y produce aspereza,
agudeza, dureza, frío y substancia.
La Segunda Propiedad
La segunda Propiedad es lo activo, o la atracción del Deseo; ella hiere,
quiebra y divide la dureza; corta en pedazos el deseo atraído; se multiplica y se
varía a sí misma; es el campo del dolor amargo, y también la verdadera Raíz
(Origen) de la Vida; es el volcán que lanza fuego.
La Tercera Propiedad
La tercera Propiedad es la perceptibilidad y sentimiento en la quiebra
de la áspera dureza; y este es el campo de la Angustia y de la voluntad Natural,
por donde la voluntad Eterna desea ser manifestada; o sea, será Fuego o Luz, a
saber, un centelleo o brillo por donde pueden aparecer los poderes, aspectos y
virtudes de la Sabiduría: en estas tres primeras Propiedades consiste el
Fundamento de la Ira, del Infierno y de todo lo que es colérico.
La Cuarta Propiedad
La cuarta Propiedad es el Fuego, donde la Unidad aparece, y es vista en
la Luz, o sea, en el Amor ardiente (candente) y la Ira (cólera) en la Esencia del
Fuego.
La Quinta Propiedad
La quinta Propiedad es la Luz cuya Virtud del Amor, juntamente con la
Unidad, actúa en la substancia Natural.
La Sexta Propiedad
La sexta Propiedad es el sonido, voz, o comprensión natural, por donde
los cinco sentidos trabajan espiritualmente, o sea, en una comprensión natural
de la vida.
La Séptima Propiedad
La séptima Propiedad es el Objeto, o el tenor de las otras seis
Propiedades, en la cual ellas actúan, como la Vida actúa en la Materia, y estas
siete Propiedades son cierta y verdaderamente llamadas de la Región o Punto
de la Naturaleza, donde las Propiedades permanecen en una única región.
La Primera SUBSTANCIA en las
Siete Propiedades
Siempre debemos comprender dos Substancias en las siete Propiedades:
la primera, de acuerdo con la profundidad de estas Propiedades, como siendo
el Ser Divino, o la voluntad Divina con la fluyente Unidad de Dios que juntas
fluyen a través de la Naturaleza, tornándose receptoras de lo sutil, a fin de que
el Amor eterno pueda tornarse actuante y sensible, pudiendo tener algo que sea
pasivo por donde pueda manifestarse y ser conocido y también, ser deseado y
amado nuevamente, esto es, la Naturaleza pasiva Activa, que en el Amor es
cambiada por una Alegría eterna; y cuando el Amor en el Fuego se manifiesta
en la Luz, entonces el inflama a la Naturaleza como el Sol inflama la planta y el
Fuego inflama al Hierro.
La Segunda Substancia
La segunda Substancia es la propia Substancia de la Naturaleza, que es
Activa y Pasiva, es la Herramienta y el Instrumento del Agente, donde no hay
pasividad, tampoco hay deseo de Liberación (Redención) o de algo mejor,
donde todo reposa consigo mismo.
Y de este modo la unidad Eterna se produce por su Emanación y
separación dentro de la naturaleza pues la unidad precisa tener un objeto en el
cual pueda manifestarse, amar y ser nuevamente amada por algo, pues así
podrá haber una percepción en una voluntad y actuación sensible.
Una explicación sobre las
Siete Propiedades de la Naturaleza.
La Primera Propiedad
La Primera Propiedad es un Deseo, como aquel de un imán, a saber, la
comprensión de la voluntad; la voluntad desea ser algo, pero aún no tiene nada
de lo que pueda hacer, de si, alguna cosa y, por este motivo, se produce una
recepción de sí mismo comprimiéndose en algo que es nada más que un
Apetito (Ansia) Magnético, una aspereza, como una dureza (solidez) donde
surgen la substancia, el frío y la propia dureza.
Esta comprensión o atracción se oscurece a sí misma y se hace
oscuridad tornándose, de hecho, la región de la eterna y temporal oscuridad.
En el comienzo del mundo, la sal, las piedras, huesos y todo este tipo de
cosas fueron producidas por esta dureza.
La Segunda Propiedad
La segunda Propiedad de la Naturaleza Eterna surge de la primera y es
la atracción o movimiento de lo sutil; el imán produce la dureza, pero el
movimiento la rompe (divide) nuevamente, es una continua lucha en si mismo.
La voluntad que el Deseo comprime y hace tornarse algo, es cortada en
pedazos y dividida por el movimiento transformándose en formas y en
imágenes; entre estas dos Propiedades surge la Aflicción (Angustia), o sea, la
herida (dolor) de la Percepción y de la Sensación; pues cuando hay un
movimiento en la agudeza, entonces la propiedad es el Dolor que es también la
causa de la sensibilidad y del sufrimiento; pues si no hubiese agudeza y
movimiento no habría sensibilidad. Este movimiento es también una región del
Aire en el mundo visible, manifestada por el fuego, como será mencionado más
delante.
Así, comprendemos que el Deseo es la región de algo y que este algo
posiblemente sale de la nada, creemos también que el Deseo haya sido el inicio
de este mundo, pues por su intermedio Dios transformó todas las cosas en ser y
substancia, pues fue por el Deseo que Dios dijo: Hágase. El Deseo es el FIAT,
que produjo algo en aquello que nada era más allá de Espíritu; el FIAT produjo
el Misterio Magnum, que es espiritual, visible y substancial, como podemos ver
por los Elementos, Estrellas, y otras Criaturas.
La segunda Propiedad o el Movimiento fue en el comienzo de este
mundo, el separador o divisor de los Poderes y Virtudes por las cuales el
Creador, a saber, la Voluntad de Dios, transformó todas las cosas del Misterio
Magnum en forma, pues este es el mundo mutante (mutable) y exterior por el
cual el Dios sobrenatural hizo las cosas y las trajo para la forma, imagen
(apariencia) y configuración.
La tercera Propiedad
La tercera Propiedad de la Naturaleza Eterna es la Angustia o aquella
Voluntad que se transformó en recepción para la Naturaleza y para ser algo;
cuando la propia Voluntad se encuentra en el movimiento agudo y se torna
Angustia, o sea, sensibilidad, pues sin la Naturaleza ella no es capaz de tal cosa,
pero la agudeza móvil viene a ser una sensación.
Esta sensación es la causa del Fuego, y también de la mente y de los
sentidos, pues por su intermedio la propia voluntad natural se hace volátil y
busca reposo. De este modo, la separación de la voluntad sale de sí misma y se
rompe a través de las Propiedades, surgiendo el sabor, una vez que una
Propiedad prueba y siente la otra.
La tercera Propiedad es también la región y la causa de los sentidos, en
la cual una propiedad penetra e incita a otra, es de este modo que la voluntad
sabe cuando surge la pasividad; si no hubiese sensibilidad, la voluntad no
podría saber nada sobre las propiedades y estaría simplemente sola; y así, la
voluntad recibe a la Naturaleza en su seno, a través de su sentimiento del
movimiento agudo. Tal movimiento se asemeja a una rueda que gira, no es que
exista tal rotación o giro pero lo hay en las Propiedades, pues el Deseo atrae
para sí y el movimiento empuja para el adelante y para fuera del Deseo y así la
voluntad presente en esta angustia no puede ir ni para dentro, ni para fuera, y
aún son ambos empujados para dentro y para fuera, y así permanece en tal
posición como si fuese para dentro y para fuera, o sea, sobre y bajo y aún no
pudiese ir a parte alguna, es la Angustia, el verdadero fundamento del infierno
y de la Furia de Dios, pues esta Angustia se encuentra en el oscuro movimiento
agudo.
En la creación del mundo, el Azufre-Espíritu con la materia de la
Naturaleza Sulfúrica, fue producido en esta región; el Azufre-Espíritu es la
vida natural de las criaturas terrenas y elementales.
Los sabios paganos comprenderán, hasta cierto punto, esta región, pues
dicen que en el Azufre, el Mercurio y la Sal consisten todas las cosas de este
mundo. Ellos no observaron solamente la materia, sino el Espíritu de donde tal
materia procede, pues esta región no consiste en Sal, Mercurio y Azufre, no es
este el significado, pero sí el Espíritu de tales Propiedades; es en esto, de hecho,
en lo que consiste todo, lo que quiera que viva, crezca y posea un ser en este
mundo, sea espiritual o material. 
Ellos comprenden por la Sal el agudo Deseo
Magnético de la Naturaleza; por el Mercurio, el Movimiento y Separación de la Naturaleza, por el cual todo es señalado y marcado con su propio sello; y por el Azufre, la voluntad perceptiva (sensible) y la Vida creciente. 
En el Azufre-Espíritu, donde la vida ardiente quema, reside el Aceite, y la Quinta-Esencia
reside en el Aceite, a saber, el Mercurio ardiente, que es la verdadera Vida de la
Naturaleza, y que es una Emanación de la Palabra de Poder y el Movimiento
Divino, por el cual la región de los Cielos es comprendida.
En la Quinta-Esencia reside el Sabor (coloración), a saber, la región
Paradisíaca, la palabra fluida del poder y de la virtud Divina, donde las
propiedades reposan en igualdad (uniformidad).
Así, por la tercera Propiedad de la Naturaleza, que es la Angustia,
queremos decir la aspereza y el dolor del fuego, o la quemazón o consumición,
pues cuando la voluntad es colocada en tal aspereza, consumirá siempre la
causa de ésta, una vez que la voluntad siempre lucha para alcanzar nuevamente
la unidad de Dios, que es el reposo. La Unidad se empuja con su Emanación
para este movimiento y aspereza, habiendo así una continua asociación para la
manifestación de la voluntad divina, una vez que siempre encontramos en estos
tres elementos, Sal, Mercurio y Aceite, un poco del cielo en la tierra, y quien
quiera que busque nada más que la verdadera comprensión y considere al
Espíritu, así lo acreditará.
El alma de las cosas reside en la aspereza, la verdadera vida de la
Propiedad y de la naturaleza sensual reside en el movimiento y el espíritu
poderoso que surge de la coloración (sabor) permanece en el Aceite del Azufre.
Así, lo que es celeste siempre reside escondido en lo que es terrestre, pues el
mundo espiritual invisible surge con y en la Creación.
La Cuarta Propiedad
La cuarta Propiedad de la Naturaleza Eterna es el Fuego Espiritual, por
el cual la Luz o la Unidad es manifestada, pues el rayo de luz (reflejo) del fuego
surge y procede de la unidad fluida que tiene incorporado y unido a sí el Deseo
Natural; la propiedad ardiente del fuego o el calor, procede de la naturaleza
devoradora y áspera de las tres primeras Propiedades, como veremos a
continuación.
La Unidad Eterna, que en algunos de mis escritos también llamo de
Libertad, es la suave y silenciosa tranquilidad, ser benévolo, como un suave y
confortable bienestar (no se puede expresar tan suave tranquilidad sin la
Naturaleza en la Unidad de Dios), pero las tres Propiedades en su Naturaleza
son ásperas, dolorosas y horribles (terribles). En estas tres dolorosas
Propiedades consiste la Voluntad fluida y es producida por la Palabra o
Respiración Divina (Soplo), así como la Unidad, por tanto, la voluntad anhela
seriamente la Unidad, y ésta anhela la Sensibilidad, esto es, la región del fuego.
Así una anhela la otra y cuando hay esta ansia, ocurre como un estallido o
resplandor (centelleo) de Iluminación así como cuando quemamos un hierro
junto con una piedra, o vaciamos agua en el fuego.
Esto lo decimos por medio de la comparación.
En este centelleo la unidad siente la sensibilidad y la voluntad recibe la
unidad tranquila y suave. La unidad se vuelve un brillante rayo de luz de
fuego, y el fuego se vuelve un amor ardiente, pues recibe el emblema y poder
de la unidad suave: en esta gentileza, la Luz penetra a través de la comprensión
magnética que no es más conocida o discernida aunque permanezca contenida
eternamente en la comprensión.
Aquí surgen dos Principios Eternos, las tinieblas, donde residen la
aspereza, la agudeza, el dolor y/o el sentimiento del poder y de la virtud de la
unidad en la Luz. Sobre esto la Escritura dice que Dios, o la Unidad Eterna,
reside en la Luz a la cual nadie puede aproximarse.
La Eterna Unidad de Dios se manifiesta en la Luz, a través del Fuego
Espiritual, y esta Luz es llamada del Poder Supremo, siendo Dios o la Unidad
Sobrenatural su poder y su virtud.
El espíritu de este Fuego recibe un emblema (o virtud) para brillar
desde la Unidad, de lo contrario esta región ígnea no sería más que un deseo
doloroso, ansioso, horrible y atormentado; lo mismo ocurre cuando la voluntad
se rompe de la Unidad y va a vivir de acuerdo con su propio deseo, como
hicieron los ángeles caídos (Demonios), y como aún hacen las almas errantes.
Aquí se pueden percibir dos Principios: el primero es la región de la
quemazón del Fuego, o la oscuridad áspera, móvil, perceptible y dolorosa; la
segunda es la Luz del Fuego, por donde la Unidad se vuelve movilidad y
satisfacción, pues el Fuego es un objeto del gran Amor de la unidad de Dios.
El Deleite Eterno viene a ser perceptible y esta percepción de la Unidad
es llamada Amor y es una quemazón o vida en la unidad de Dios; de acuerdo
con este Amor Ardiente, Dios se denomina a así mismo un Dios amoroso y
misericordioso, pues la unidad de Dios ama y rompe a través de la voluntad
dolorosa del fuego que en el inicio surgió en el soplo de la palabra, o en la
emanación del Deleite Divino, transformándose en una gran Satisfacción
(Placer).
Es en esta voluntad ígnea de la naturaleza Eterna que permanece el
alma del Hombre, y también los ángeles, esta es la región y centro de ellos. Por
tanto, si algún alma se separa de la Luz y del Amor de Dios y entra en su propio
deseo natural, entonces la región de esta propiedad oscura y dolorosa se
manifiesta en ella, como se puede verificar en Lucifer.
Cualquier cosa que se imagine posee una esencia, en la Criatura y fuera
de la criatura en todo lugar, pues la Criatura es nada más que una imagen y una
apariencia del separable y variado poder, y virtud del Ser Universal.
Entienda bien lo que es la región del Fuego, Frío en la Compresión,
Caliente en la Angustia y Volcánico en el Movimiento. El Fuego consiste en los
tres, pero el brillo de la Luz surge y procede de la conjunción de la unidad en la
región del Fuego; toda esta región no es más que la voluntad emanada.
De esta Forma, en el Fuego y en la Luz consiste la Vida de todas las
cosas, esto es, la voluntad de todas las cosas que las impide ser insensibles
vegetales o racionales; todas las cosas, así como el fuego, tienen su región que
tanto puede ser de la región eterna, como el Alma, o de la región temporal
como las cosas del Astral Elemental, pues el Eterno es un fuego y lo temporal
es otro, como veremos más adelante.
La Quinta Propiedad
La quinta propiedad es el Fuego del Amor, o el Mundo del Poder y de
la Luz, que habitó en las Tinieblas y que las Tinieblas no lo comprendieron,
como está escrito en Juan I “La luz resplandece en las tinieblas y las tinieblas no la
comprenden”. La Palabra también está en la Luz, y en la Palabra está la
verdadera comprensión de la Vida del Hombre, o sea, el verdadero espíritu.
Este fuego es la verdadera Alma del Hombre, el verdadero espíritu que Dios
sopló dentro de él, la vida de la criatura.
Es preciso entender en el fuego espiritual de la Voluntad, al Alma
deseosa, fuera de la Región Eterna; en el poder y la virtud de la Luz, la
verdadera comprensión del espíritu en el cual la unidad de Dios reside y está
manifestada, como nuestro Señor Jesús Cristo dice:
“El Reino de Dios está en ti”, y Pablo: “Tú eres el templo del Espíritu Santo,
que habita en ti” , este es el lugar de la Divina habitación y revelación.
El Alma también viene a ser condenada cuando la voluntad ígnea se
separa del Amor y de la Unidad de Dios y entra en su propia Propiedad
Natural, o sea, en sus Propiedades Demoníacas; lo que será tratado más
adelante.
Oh Sión, observa esta región y serás libre de Babel.
El Segundo Principio (o Mundo Angélico y de los Tronos) es explicado
por la quinta Propiedad, pues ésta es el movimiento de la Unidad, donde todas
las Propiedades de la Naturaleza ígnea arden en el Amor.
Un ejemplo o comparación de esta región puede ser observado en una
vela encendida, donde las Propiedades residen una en la otra y podemos
encontrar el Fuego, el Aceite, la Luz, el Aire y el Agua del Aire, los cuatro
Elementos que anteriormente permanecían en una única región ahí se
encuentran manifestados; ellos pertenecen a la región eterna, pues la substancia
temporal fluye del Eterno teniendo, consecuentemente, la misma cualidad pero
con la diferencia de que una es eterna y la otra transitoria, una es espiritual y la
otra corpórea.
Cuando la Luz y el Fuego Espiritual son encendidos y, de hecho
iluminados de la Eternidad (y la propia Eternidad), entonces, siempre todo el
Misterio del Poder y del Conocimiento Divino también se manifiesta, pues
todas las Propiedades de la Naturaleza Eterna se vuelven espirituales en el
fuego (aunque la naturaleza permanezca como es, interiorizada en sí misma) y
la actuación de la voluntad se vuelve espiritual.
En el estallido o claridad del Fuego, la negra receptibilidad es
consumida y en este proceso sale el brillo puro del Fuego-Espíritu, roto por un
golpe de luz, y en esta salida encontramos tres diferentes Propiedades. La
primera es el impulso (energía) ascendente de la voluntad ígnea; la segunda es
el impulso (energía) descendente o decline del espíritu acuoso, a saber, la
suavidad; la tercera es el procedimiento avanzado del espíritu oleoso, es el
símbolo de la unidad de Dios, que se vuelve una substancia en el deseo de la
Naturaleza; otra vez, todo no pasa de Espíritu y Poder pero así aparece en la
imagen de la manifestación, no como si fuese alguna división o separación, sino
como Espíritu y Poder.
Esta triple manifestación está de acuerdo con la Trinidad, pues el centro
donde está es el Dios único, de acuerdo con su manifestación; el ígneo y
flamante espíritu de amor es la energía ascendente; la suavidad que procede del
Amor es la energía descendente; en medio hay un centro de la circunferencia,
que es el Padre, o el Dios Completo, de acuerdo con las propiedades de la
Naturaleza, pues esta es nada más que una semejanza de este proceso.
La Naturaleza aún puede ser considerada como un destello del origen
del fuego, es un estallido, una región salina, cuando parte para divisiones
infinitas, esto es, para la multiplicidad o variedad del Poder y de la Virtud; la
multiplicidad de los Ángeles y Espíritus y sus aspectos y operaciones, también
procedieron de los cuatro elementos en el inicio de los tiempos.
La temperatura del Fuego y de la Luz es el elemento santo, o el
movimiento en la Luz de la unidad; de esta región salina (salitre espiritual y no
salitre terrestre), proceden los cuatro Elementos, siendo que en la compresión
del Mercurio Ígneo son producidos la Tierra y las Piedras; en la Quinta Esencia
del Mercurio Ígneo, el Fuego y el Cielo; y en el Movimiento o impulso, el Aire;
y en la lectura o interpretación del Deseo por el Fuego, es producida el Agua.
El Mercurio Ígneo es un agua seca, que dio origen a los metales y
piedras, pero el Mercurio partido o dividido, produjo el agua húmeda, por la
Mortificación en el Fuego; y la compresión produjo la total crudeza en la Tierra,
que es un puro Mercurio Salítrico Saturnino.
Por la palabra Mercurio se debe entender siempre, en el sentido
espiritual, la actuante, natural y emanada palabra de Dios, que ha sido la
Separadora, Divisora y Formadora de toda substancia; y por la palabra Saturno
queremos decir compresión.
En la quinta Propiedad, esto es, en la Luz, la unidad Eterna es
substancial, esto es, un santo Fuego Espiritual, una Luz santa, un Aire santo,
que es nada más que el Espíritu, también un agua santa, que es el Amor
emanado de la unidad de Dios, y una tierra santa, que es la virtud y la acción
todopoderosa.
Esta quinta Propiedad es el verdadero mundo Angélico espiritual de la
satisfacción Divina, escondido en este mundo visible.
La Sexta Propiedad
La sexta Propiedad de la Naturaleza Eterna es el sonido, ruido, voz o
comprensión, pues cuando el fuego clarea, todas las Propiedades juntas emiten
sonido. El fuego es la boca de la Esencia, la Luz es el espíritu, y el sonido es la
comprensión por la cual todas las Propiedades se comprenden unas a las otras.
De acuerdo con la manifestación de la Santísima Trinidad, por la
emanación de la unidad, este sonido o voz es la divina palabra actuante, o sea,
la comprensión en la Naturaleza Eterna, por la cual el conocimiento
sobrenatural se manifiesta, pero de acuerdo con la naturaleza y la criatura, este
sonido o voz es el conocimiento de Dios, por donde la comprensión natural
conoce a Dios, pues ella es el modelo, semejanza y emanación de la
Comprensión Divina.
Los cinco sentidos permanecen en la comprensión natural, en el género
espiritual y en la segunda Propiedad, o también, en el movimiento, en el
Mercurio Ígneo, y en el género natural.
La sexta Propiedad atribuye comprensión a la voz o sonido a la palabra
articulada; la segunda propiedad de la Naturaleza es la productora y también
la casa, herramienta o instrumento del habla o voz; en la segunda Propiedad, el
Poder-Virtud es doloroso, pero en la sexta Propiedad es placentero y
satisfactorio. La diferencia entre la segunda y la sexta Propiedad, está en la Luz
y en las Tinieblas, ellas están una en la otra como el Fuego y la Luz, no hay otra
diferencia entre ambas.
La Séptima Propiedad
La séptima Propiedad es la Substancia, o sea, el subjectum o la casa de
las otras seis, donde todas están substantivamente como alma en el cuerpo; por
esto comprendemos especialmente el Paraíso o germen del poder actuante,
pues toda Propiedad produce en sí misma un Motivo u Objeto para su propia
Emanación y, en la séptima, todas las Propiedades están en una temperatura,
como si estuviesen en una única substancia. Como ellas todas fueron
producidas de la Unidad, entonces todas retornan nuevamente para una única
región.
Aunque ellas actúen de manera diferente, todavía hay aquí una única
substancia, cuyo poder-virtud es llamado tintura (sabor) o un primaveral,
creciente, penetrante y santo germen.
No es que las siete Propiedades sean la Tintura, pero sí su cuerpo; el
Poder-Virtud del Fuego y de la Luz, es la Tintura en el cuerpo substancial, pero
las siete Propiedades son la substancia que la Tintura penetra y santifica, de
acuerdo con el poder-virtud de la manifestación Divina. Como la Tintura es
una Propiedad de la Naturaleza, es también la substancia del deseo atrayente
de todas las propiedades.
Observe que la primera y la séptima Propiedad siempre son contadas
como una, de la misma forma que la segunda, la sexta, la tercera y la quinta,
siendo la cuarta solamente un marco divisorio o una frontera, pues según la
manifestación de la Trinidad de Dios, no hay más que tres Propiedades de la
Naturaleza. La Primera es el Deseo que pertenece a Dios Padre, aunque sea
solamente un espíritu, pero en la séptima Propiedad, el Deseo es substancial. La
segunda es el Poder-Virtud Divino, y pertenece a Dios hijo, en la segunda
propiedad es solamente un espíritu, pero en la sexta Propiedad es un Poder-
Virtud substancial. La tercera pertenece al Espíritu Santo, en el inicio de la
tercera Propiedad es solamente un espíritu ígneo, pero en la quinta Propiedad
es la manifestación del gran Amor.
Así, la Emanación de la Divina Manifestación en tres Propiedades en el
primer Principio en presencia de la Luz, es Natural, pero en el segundo
Principio, en la propia Luz, es Espiritual.
Bien, estas son las siete Propiedades en una única región, y todas ellas
son igualmente Eternas, sin comienzo; ninguna de ellas puede ser contada
como la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o última, pues son
igualmente Eternas, sin principio y poseen un principio Eterno en la Unidad de
Dios.
La enumeración fue una forma simbólica de presentarlas, para
comprender como una nace de la otra, para mejor concebir lo que es el Creador
y lo que son la Vida y la Substancia de este mundo.
LAS SIETE FORMAS DE LOS ESPÍRITUS
Primera
forma
Voluntad Deseosa áspera Mundo Negro; una similitud de
esto es una vela.
Segunda Amargo o Doloroso
Tercera Angustia hasta la claridad del Fuego
Cuarta - Fuego Negro ,
- Fuego,
- Fuego Iluminado.
Mundo del Fuego; una similitud
de esto es el fuego de una vela
Quinta Luz o Amor, donde fluye el agua de La
Vida Eterna
Mundo de Luz; una similitud de
esto es la Luz de una vela.
Sexta Ruido, Sonido o Mercurio
Séptima Substancia o Naturaleza

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